LA NECESIDAD DE RECONSTRUIR LA UNIDAD DE LOS BOLIVIANOS

Por: Armando Cardozo Saravia

Desde antiguo en la historia ha quedado claro que la manera en que un pueblo, un grupo o una organización puede desarrollarse y prosperar es a través de la unidad. Los grupos humanos funcionan adecuadamente en la medida en que permanecen unidos en torno a causas y fines.

La labor de gobernar, necesaria en cualquier sociedad, se puede resumir en dos actividades: dar unidad y rumbo. En la medida en que ambas se logren el gobierno cumple con su misión.  De forma específica, la unidad es premisa necesaria para dar sentido al propio grupo.

De manera natural los grupos humanos tienden a generar espontaneidades que atentan contra la unidad. Pensemos por ejemplo en una empresa que tiene por un lado un área de producción y por otro un área de ventas. Lo que suele ocurrir en el desempeño ordinario de sus actividades es que el área de producción tenderá a pedir tiempo y condiciones idóneas para que los productos sean de la mayor calidad posible y el área de ventas tenderá a apresurar pedidos para satisfacer un cliente con el que ha cerrado una operación.

Entre ambas áreas se genera una gran tensión. Si no existiera un director general que tomara decisiones ponderadas para lograr el funcionamiento armónico entre ambas áreas in extremis, ante la falta de consenso, la empresa podría fracasar en el mediano plazo. Precisamente esa es la función de gobierno.

Lograr la unidad a través de la identidad. Yo soy yo y mi circunstancia, decía Ortega y Gasset. Las personas solo se identifican plenamente en su propio entorno: los grupos sociales a los que pertenece, su cultura, su historia.  En ese sentido la falta de unidad supone una traición a la propia identidad.

Identificación con el bien común. Los grupos humanos también responden a la pregunta del para qué existen. En ese sentido todos sus integrantes deben estar orientados a colaborar en la búsqueda del bien general. Supone lazos de solidaridad, un “nosotros”. Cuando no se da la unidad, se tiende a la destrucción. Desde antaño se sostiene que todo reino dividido contra sí será destruido, Maquiavelo recomendaba al príncipe “divide y vencerás”.

Mientras que en la Constitución de 2004 el artículo primero habla de una Bolivia “… fundada en la unión y la solidaridad de todos los bolivianos.”  En la reforma constitucional del 2009, ese mismo artículo primero dice que “Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo…” y el artículo 3° marca una primera categorización de la nación boliviana cuando afirma que: “… está conformada por la totalidad de bolivianas y bolivianos, las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos; las comunidades interculturales y afro-bolivianas…” es decir identifica 4 categorías de ciudadanos capaces de ejercer derechos civiles y políticos.

Es decir que desde el febrero del 2009 han pasado 11 años en los que el Estado representado a través de su Gobierno ha alimentado la división de los bolivianos, lo que se ha reflejado en la Ley Electoral 421 cuando distingue las calidades de representación en la Asamblea Legislativa, estableciendo categorías diferentes de ciudadanos, lo que sin duda se ha reflejado en 11 años en las que esas supuestas “categorías” de ciudadanos se han manifestado en el Legislativo alimentando así diferencias que no deberían existir entre personas que lo único que nos identifica es que todos somos bolivianos. 

El Gobierno en esa tarea de generar diferencias entre los bolivianos y en el proceso de buscar enfrentamientos, no conforme con la Constitución del febrero del 2009, en octubre del 2010 aprueba la Ley 045, que fortalece el concepto de que los ciudadanos bolivianos lejos de reconocernos todos como personas de la única raza humana; ésta Ley 045 alimenta la idea de que los bolivianos somos diferentes y de razas distintas, y brinda instrumentos a las distintas razas los mecanismos para enfrentarse en acusaciones y en juicios unos contra otros; es decir la construcción de diferentes, enfrentamientos, resentimientos y odios entre bolivianos se convierte en una realidad de lo que Maquiavelo había recomendado al Príncipe.

Este debería ser uno de los temas a consultar a todos los candidatos que pretenden alcanzar la Presidencia porque este será uno de los primeros temas que el Gobierno que se elija el 18 de octubre del 2020, deberá asumir como una tarea fundamental el lograr la unidad de todos los bolivianos, eliminando las diferentes categorías de ciudadanos y unirnos en una sola y única categoría, la de bolivianos que queremos días mejores para todos los habitantes en este territorio identificado como Bolivia.   Obviamente ello pasa por una urgente necesidad de una Reforma Constitucional que deberá además aprovechar de efectuar una revisión de algunas otras contradicciones que en la actualidad existen en la Constitución Política vigente.

Sucre, 29 de agosto del 2020

 

LA AUSENCIA DE LIDERAZGO

Por:  Armando Cardozo Saravia

En el contexto mundial la confrontación entre los centros de poder políticos y económicos de Estados Unidos, Europa, Rusia y China encuentran una América Latina que no actúa de manera conjunta, pues mientras la tendencia continental pretende consolidar un sistema democrático y una economía de libre mercado, buscando liquidar el Estado paternal, desde México hasta Chile; encuentra también un grupo de naciones que pretende imponer un sistema unipartidista con un sistema económico direccionado por la planificación centralizada por un Estado de fuerte contenido del denominado socialismo-populista, como son los casos de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela y Nicaragua.

En el caso boliviano desde el retorno a un sistema democrático, ha recorrido el camino de la democracia liberal, tratando de reducir el rol paternal del Estado; modelo que no pudo consolidarse afectado por la fuerte presencia del narcotráfico y estructuras de poder que generaron altos niveles de corrupción que provocó una fuerte crisis.  En ese intento de cambio en casi la última década y media el país ha transitado por el esfuerzo de estructurar un sistema unipartidista, para cuyo fin se han abolido el sistema de partidos y se han reconocidos las agrupaciones y los denominados movimientos sociales, como forma de expresión de la representación en los estamentos del Estado; se pretendió estructurar un Estado del llamado socialismo populista del siglo XXI, destinado a fortalecer la presencia del Estado paternal y se orientó hacia una planificación centralizada de la economía direccionado con un fuerte componente ideológico; para cuyo fin se introduce una reforma constitucional para debilitar la estructura institucional democrática, la estructura de valores de la sociedad alegando la inserción de valores culturales que no se pudieron identificar en más de una década, pero en su reemplazo se fortaleció la planificación centralizada; que también habrá de fracasar porque no pudo eliminar la corrupción que tanto se acusó a la democracia liberal; por el contrario esa misma corrupción en un sistema institucional debilitado permitió el crecimiento y el fortalecimiento del narcotráfico y la acción de grupos delincuenciales que alimentan la corrupción estatal.

Es en este escenario y en el propósito de consolidar el sistema del partido único, se produce un proceso electoral fuertemente dirigido por el partido de gobierno y que para consolidarse desarrolla uno de los fraudes electorales más groseros y notorios que jamás había visto la sociedad boliviana, es un fraude que le estalla en el rostro al gobierno que lo obliga a renunciar y exiliarse ante la imposibilidad de mantener el control del gobierno y del Estado.

Ello provocó un proceso de transición destinado a volver a un régimen democrático en los términos reconocidos por la Carta Democrática de la O.E.A. de la que formamos parte y al que estamos obligados a su cumplimiento, que es además la tendencia de la mayoría de los Estados del Continente, frente al llamado Grupo de Sao Pablo, que ha demostrado no ser la respuesta del modelo político y económico para la América Latina.

Para este giro político era necesario que la ciudadanía encuentre mecanismos de participación política para lograr la representación en las distintas instancias del Estado; que sean capaces de administrar la estructura Estatal fortaleciendo sus instituciones democráticas, pero sobre todo recuperar y cultivar los valores de la sociedad; de manera tal que le permitan afrontar con las debidas capacidades los dos fenómenos que más destruyen a la sociedad como son la corrupción y el narcotráfico.

Lamentablemente nos encontramos con que la sociedad carece de fuerzas políticas debidamente organizadas, sólidas, con liderazgo firme y claro que permita obtener niveles de representatividad efectiva; lo que tenemos en la actualidad es un conjunto a agrupaciones que en muchos casos obedecen a representaciones locales o regionales; carecen de una visión y presencia nacional en muchos de los casos o en otros responden a la representación sectorial o gremial que fácilmente pueden ser absorbidas por el fenómeno del narcotráfico o de la corrupción, dejando al ciudadano sin líderes que los representen.

Por ello, lo que estamos apreciando en la actualidad, lo que sucede en este proceso electoral que debe culminar el 18 de octubre del año en curso, nos encuentra con algunos liderazgos interesantes pero que al carecer de una estructura partidaria nacional que promueva un proyecto político y económico para el conjunto de la sociedad boliviana; los muestra con capacidades limitadas para llegar a todos espacios de participación social; les impide llegar de manera oportuna a la totalidad de la sociedad de manera permanente con la frecuencia y la respuesta que reclama en el día a día; y debe enfrentarse a la estructura de un partido que se consolido estando en el ejercicio del Poder.  

En estas circunstancias que la ciudadanía logre expulsar la ideología del partido único, el socialismo-populista y la planificación del desarrollo económico abandone el centralismo estatal, ya sea un logro significativo, para dar el inicio con serías debilidades institucionales en un régimen democrática de alternancia y de economía liberal con un Estado menos burocrático y cada vez menos paternalista; para enfrentar con mayor firmeza a la corrupción y sobre todo al narcotráfico.

Sucre, 2 septiembre del 2020