LOS DESAFÍOS DE BOLIVIA EN SUS RELACIONES CON CHILE EN LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XXI

Por: Armando Cardozo Saravia

La Guerra del Pacífico (1879-1883) que involucró a Bolivia-Chile y Perú, sigue siendo un suceso que mantiene relevancia en las relaciones diplomáticas de los tres países, pese a que cronológicamente se le puso solución al del conflicto armado, primero con el llamado Tratado de Ancón (20 de octubre de 1883) entre Perú y Chile y posteriormente con el denominado Tratado de 1904 (20 de octubre de 1904) entre Bolivia y Chile.

137 años después y según sea el lugar de la frontera donde nos ubiquemos, la Guerra del Pacífico aún tiene una mayor o menor relevancia, que sin duda afecta a las relaciones de los tres países que siendo vecinos debería ser fluida y de buena vecindad.

Si bien por el Tratado de Ancón Perú cedió en forma permanente el Departamento de Tarapacá y en el caso de Arica se condicionó a la realización de un referéndum, que al no haberse nunca realizado, se convendría con posterioridad que Arica quedase en posesión y bajo soberanía chilena, en tanto Tacna retornaría a la soberanía peruana, conforme lo estableció el artículo 2° del Tratado de Lima de 1929 entre Perú y Chile; finalmente por Convenio Complementario se estableció en su artículo 1° que: “Los Gobiernos de Chile y del Perú no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, al través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales.”

A partir de ese momento Perú y Chile han reestablecido sus relaciones diplomáticas, cumpliendo 91 años de regularidad en sus relaciones, y generando las condiciones necesarias de seguridad, cooperación e intercambio con los volúmenes, fluidez y permanencia de sus relaciones comerciales, es evidente que en estos años han existido momentos ásperos en sus relaciones, pero en el tiempo eso siempre sucede, como también se superan las dificultades y se estrechan relaciones.

En el caso boliviano la situación ha sido absolutamente diferente, puesto que firmado el Tratado de 1904 y establecidos los límites entre Bolivia y Chile, los distintos Gobiernos bolivianos no han cesado en emprender acciones en su política exterior ni renunciado a buscar mecanismos que le permitan retornar a las costas del pacífico.  Pero también es evidente que, pese a todos los esfuerzos, nunca se definió una estrategia única claramente definida y implementada de manera permanente; por el contrario, cada gobierno emprendió acciones según las motivaciones circunstanciales.

En lo que, si existió estrategia única, fue en introducir un discurso único en el sistema de educación y para ello se introdujo de manera uniforme una historia de la Guerra del Pacífico y de sus consecuencias, que ha permitido sembrar en las generaciones sucesivas, la imagen del chileno invasor, abusivo y que se apodero de un territorio a la fuerza, quedando una deuda permanente con Bolivia.  Es decir, la clásica visión de un Chile victimario y de una Bolivia victima incomprendida en el continente, y describiendo a la guerra del pacífico como una guerra injusta, como si existiesen guerras justas.

Desde 1904 y por más de 50 años, las misiones diplomáticas bolivianas tenían un único y primordial objetivo el de lograr que los Gobiernos Chilenos comprendan la enorme necesidad de que Chile ceda territorio para que Bolivia tenga un acceso al Pacífico, en unos casos con una visión reivindicatoria, es decir recuperar los territorios que alguna vez fueron bolivianos; según otros en la visión de obtener un acceso soberano al pacífico en condiciones razonablemente suficientes como para que Bolivia tuviese un espacio lo suficiente amplio como para instalar condiciones portuarias que le permitan satisfacer sus necesidad de comercio con el mundo a través del Océano Pacífico.  Sin embargo, ninguna de esas posiciones logro eco en la sociedad chilena.  En 1919 y en el seno de la Sociedad de las Naciones o Liga de las Naciones, primer Organismo Internacional creado para la encontrar la paz en la convivencia entre las naciones del mundo; Bolivia formula una demanda para la revisión del tratado de 1904 que lamentablemente resulto un fracaso para los intereses de la sociedad boliviana.

El 14 de abril de 1962 se produce la ruptura de relaciones diplomáticas con Chile, que duraría hasta el Abrazo de Charaña que se produjo el 8 de febrero de 1975 (Escobari, 1982, Historia Diplomática de Bolivia) en que se reanudan relaciones diplomáticas hasta la nueva ruptura del 17 de marzo de 1978, es decir tres años después, situación que se ha mantenido hasta la fecha.

Al Gobierno que salga electo en las elecciones del próximo 3 de mayo del 2020, le queda una difícil tarea de definir una verdadera estrategia elaborada con la más aguda de las visiones estratégicas que permitan consolidar una verdadera política de Estado de Bolivia en sus relaciones con Chile.

Está claro que con el primer candado que significó el Tratado de 1904 y el segundo candado que represento la Sentencia de La Haya de 1° de octubre del 2018; esa estrategia deberá estar elaborada con una visión de Condor y con una actitud que no sea la clásica posición de asumir la posición de víctima.

También está absolutamente claro que mantener la ruptura de relaciones diplomáticas con Chile no ha brindado las mejores condiciones para un acercamiento entre Gobiernos, por el contrario, siempre ha significado dificultades y limitaciones, puesto que cualquier acercamiento siempre se ha debido desarrollar en un ámbito de reserva, en citas multilaterales en los que coincidían los presidentes o las delegaciones de Bolivia y Chile.

Creo por tanto que el primer paso en el camino de acercamiento y dialogo con Chile, pasa necesariamente por buscar los mecanismos para reanudar de manera inmediata las relaciones diplomáticas y definir como política del Estado boliviano, que la designación de un Embajador en Chile, solo puede surgir de los bolivianos con la mayor formación técnica y profesional en relaciones internacionales, pero además que deba ser elegido entre los personajes más destacados y conocedores de la política exterior boliviana.  Es decir el mejor ciudadano boliviano, sea hombre o mujer, con las capacidades suficientes para ser uno de los mejores interlocutores con el Gobierno Chileno en sus distintas instancias y jerarquías.

Solo así podemos asegurar emprendimientos de aproximación y dialogo con Chile, de manera que se generen las condiciones propicias de un futuro proceso de negociación directa o en su caso con la intervención de un tercer Estado que cumpla la labor que permita el mejor ambiente para un dialogo fraterno y franco.  Esta no es tarea de un año sino de muchos que tendrán que venir pero que habrá que mantener en permanente contacto de manera fluida para beneficio de ambos Estados.

Sucre, 23 de marzo del 2020