POLÍTICA EXTERIOR BOLIVIANA

En definición del ex Canciller e internacionalista Fernando Salazar Paredes, debemos entender por Política Exterior desarrollada en su obra “Hacia una nueva Política Exterior Boliviana” (Ed. Plural) se destaca el hecho de constituir una manifestación soberana, coherente, dinámica y posible del Estado hacia el exterior; manifestación destinada a lograr los intereses fundamentales del Estado, preservando su soberanía y seguridad.

Como se comprenderá todo Estado debe contar con una política exterior diseñada en función de su propia realidad en el espacio y en el tiempo, de sus potencialidades y posibilidades económicas y sociales; de aquellos objetivos posibles y de la disponibilidad de los medios suficientes para la consecución de tales objetivos que son de especial interés para el Estado y conforme a una estructura de prioridades claramente definida

Lograr esos objetivos se puede alcanzar por diversos medios, pero uno de los más utilizados sin lugar a dudas, y por constituir acciones que se desarrollan de manera directa, es a través de las misiones diplomáticas que el Estado diseña, planifica y ejecuta en lo posible con la mayor eficiencia y dinámica, en períodos que coinciden con el mandato presidencial.

Existen determinadas prioridades e intereses que el Estado a lo largo de su historia va consolidando como políticas de Estado, es decir que existen objetivos que se busca alcanzar independientemente del Gobierno de turno y sin cuestionar la gestión o mandato presidencial del que se trate; así como existen otras acciones de importancia para el Estado, que también se habrán de ejecutar con mayor o menor eficiencia en función de la dinámica e interés del Jefe de Estado, porque según la Constitución Política del Estado numeral 5) del artículo 172, es al Presidente a quien corresponde dirigir la política exterior.

En el caso boliviano debemos reconocer que el Estado no definió y menos planificó una verdadera política exterior, debido a varios factores entre los que podemos señalar: la inestabilidad política y económica; la poca relevancia que para algunos mandatarios tuvo el relacionamiento internacional; la ausencia en el diseño de acciones claras en el Servicio Exterior y la ausencia de formación profesional en el área, entre muchos otros factores impidieron contar con una adecuada política exterior.

Han pasado trece años de mandato del actual Jefe de Estado, es decir ha existido una misma visión y unos mismos objetivos en la visión del Presidente por más de una década; el Canciller que por mandato del artículo 4.I de la Ley 465 es el responsable de administrar “la  gestión de política exterior”; también ha contado con una relativa estabilidad porque el Ministerio de Relaciones Exteriores en todo este período solo ha tenido tres Ministros, lo que para un periodo como el que analizamos representa estabilidad del funcionario y por tanto el mismo enfoque y los mismos criterios en su administración.

Este período sin embargo no ha sido el más afortunado para el país.   Porque pese a que tradicionalmente el Estado boliviano se ha calificado de país de los contactos y de la integración, prueba evidente que el 2009 al aprobarse la Constitución vigente se recoge en su texto esa vocación.

Durante este periodo, lo que hemos visto es una clara definición de la política exterior en función de razones ideológicas, antes que en necesidades y prioridades nacionales, menos se ha diseñado una política exterior, en función del interés nacional y de las capacidades como potencialidades nacionales.  Desde sus inicios existió una amplia publicidad sobre el propósito de distanciarse de los gobiernos, calificados por el presidente boliviano, como capitalistas o vinculados al imperio norteamericano, nada se dijo al inicio del imperio chino o de las políticas de expansión de Rusia en su accionar internacional.

Hace trece años como hoy también, se han hecho acusaciones de injerencia y desestabilización al Gobierno por parte del gobierno norteamericano, sin que en más de los trece años de gestión se haya podido identificar esos actos o las personas que estaban detrás de esas acciones.  Sin lugar a dudas nunca las hubo, pero ese fue el pretexto usado para expulsar al Embajador Norteamericanos, posteriormente expulsar a todas las agencias de cooperación norteamericana y todo aquello que estuviese directa o indirectamente vinculado a ese país; por lo tanto, salió USAID, afectando los diferentes programas de lucha contra el narcotráfico y la producción ilegal de la hoja de coca.  Se suspendieron las preferencias arancelarias concedidas a las exportaciones de productos bolivianos, especialmente textiles, hacia uno de los mercados más grandes.  Así como se suspendió la cooperación financiera y técnica en otros programas principalmente en materia de salud.

Estas acciones se repitieron con la cooperación técnica y financiera de otros países europeos o se restringió significativamente la presencia de la Cooperación Alemana a través de la GTZ, y varias fundaciones de ese origen; lo mismo aconteció con la AECI de España y la Cooperación de Bélgica, Holanda y Suiza, que redujeron significativamente su presencia en el país, porque el Gobierno boliviano condicionó en muchos casos que tal cooperación se canalice a través de los Ministerios del área, condicionante que genera una burocracia que las agencias de cooperación deben financiar en su funcionamiento, pero que además no generan confianza en la Cooperación porque la calidad de sus funcionarios no siempre es la mejor ni existe la transparencia suficiente.

En su reemplazo apareció la presencia de Venezuela, Irak y Cuba que esencialmente vinieron a dar asistencia política e ideológica al Gobierno de Evo Morales, así como programas de difusión política en las áreas rurales y hasta la fecha la presencia de ellos junto con la presencia de China continental y de sus ciudadanos que en algunos lugares del país es notoriamente significativa.

Bolivia desde el 2005 a la fecha también ha ido distanciando su presencia en los organismos internacionales y en los foros internacionales, dada la participación incipiente de los representantes o la intervención en línea contraria hacia las tendencias mundiales, lo que obviamente paulatinamente provoca la reacción negativa de las naciones y el aislamiento en el contexto de la comunidad internacionales; con excepción de los foros que se han desarrollado en Temas de los Pueblos Indígenas o de interés indigenista en las que la intervención boliviana en muchos de ellos ha contado con la presencia del propio Jefe de Estado.

Se dirá que, en estos 13 años, Bolivia tuvo participación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; es evidente, pero ello fue más producto del turno que le correspondía para intervenir que en una selección que obedezca a la capacidad de gestión diplomática; pero además para nadie es desconocido que la presencia boliviana estuvo marcada por una clara defensa de los intereses de Cuba, Rusia y Venezuela, antes que en el manejo de una posición que busque el beneficio de intereses nacionales.  Solo en la vía de ejemplo cabe mencionar el voto negativo de Bolivia a aplicar censurar y aplicar sanciones a Siria por la violación flagrante a los derechos humanos.  La participación de Bolivia en la OEA, a través del actual Canciller Pary, fue otra de las desastrosas participaciones en manifiesta defensa de los intereses venezolanos, antes que en mantener una posición en defensa de intereses bolivianos.  Confundimos la cordialidad en las relaciones con un gobierno extranjero, por el servilismo a los intereses venezolanos y cubanos en el continente.

Es decir, han transcurrido trece años en los que Bolivia ha optado por aislarse del mundo en defensa de una posición ideológica ya fracasada, antes que en asumir una posición de defensa de los intereses nacionales en función de los intereses sociales y económicos de la mayoría de los ciudadanos y de su capacidad productiva.  Quedando en la actualidad y en el continente básicamente aislados, puesto que los únicos países con los que mantenemos relaciones diplomáticas en los niveles más amplios y estrechos se producen con Cuba, Nicaragua y Venezuela, con los otros gobiernos en América es una relación formal y en los niveles básicos de intercambio.

Que el año 2019 que se inicia, sea el momento de reordenamiento de las directrices de la política internacionales boliviana, de manera que las acciones diplomáticas que en ese orden se realicen también se reorienten de manera que alcancen una mayor dinámica y pongan a Bolivia con mayores posibilidades de integrarnos a plenitud en el continente y en el mundo.

Sucre, 7 de enero del 2019